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viernes, 27 de abril de 2012

Un blog para mí solito... ¡Qué bien!

En este mundillo de la "sociedad de la información" lo que mola de un blog es que tenga muchos seguidores.
Yo tengo muy pocos, mayormente porque apenas escribo algo de tarde en tarde, así que puede decirse que tengo este blog para mi autoconsumo; de vez en cuando releo antiguas entradas y alguna colaboración en los arranques, que se fueron luego diluyendo por mi inconstancia.
En cualquier caso me apetece mantenerlo, porque así, muy de vez en cuando, puedo escribir y conservar aquí alguna que otra ocurrencia, o un pequeño poema.
Ahora, con la vista puesta en mi nuevo proyecto, cual es comenzar el próximo curso el Grado de Derecho (ya veremos lo que dura), me apetecía entrar en mi blog y dejar constancia por escrito. Así al menos recordaré este momento en el futuro, aunque la empresa no llegue a buen término.

Cuando te apriete la vida
y el viento sople de frente,
sírvete de la ceñida
como marino eficiente.

 

domingo, 16 de mayo de 2010

FLOREAL, 100 AÑOS EN TRES FOLIOS

Me permito la libertad de traer a este blog un relato realizado por Raquel Gómez Castellanos, Concejal del Excmo Ayuntamiento de Puertollano y que ha sido premiado en el certamen "Tu Historia es nuestra Historia" organizado por la Fundación Jaime Vera. Este relato es un homenaje a su padre, nuestro querido y entrañable amigo "el Francés".

La primera vez que entré en la sede del Partido Socialista de mi ciudad, era solo una niña de 14 años, pero no de los de ahora, sino de los de 1984. ¿Por qué decide una niña de 14 años militar en juventudes Socialistas? Tal vez por la imagen en mi memoria de mis padres unos años antes en un mitin. Me recuerdo en aquella amplia explanada abarrotada de gente, subida en un remolque desde el que podía contemplar sus rostros. Desde mi inocencia, no lograba entender el motivo de de su alborozo, ni siquiera que hacían todos allí solo para oír hablar a un hombre. Pero si noté, a pesar de mi corta edad, una ilusión especial en aquellos que le escuchaban; era como si por primera vez en la vida creyeran en el futuro que podía estarse abriendo allí mismo, justo delante de ellos, y eso, con cinco hijos, se convertía en la esperanza de que el mañana fuera nuestro y solo nuestro.

En octubre de 1982 ese hombre se convirtió en presidente del gobierno.

Veinte años después de afiliarme, en octubre de 2004, un Puertollano socialista, una Castilla La Mancha socialista, y por fin, otra vez después de ocho años, una España socialista, veían nacer a Pablo; no hace falta diga a quien debe su nombre y si alguien lo duda aún, dejará de hacerlo al final de mi relato. Desde mi vientre, vivió el nerviosismo de dos elecciones en el colegio electoral, las generales con tres meses de gestación y las europeas con seis; campañas electorales, mítines ¿cómo no iba a llamarse Pablo, si ha mamado de quien siempre mamó socialismo? Sólo me arrepiento de una cosa, no haberme mantenido firme en mi decisión de llamarle Pablo Floreal, qué si parece nombre de culebrón, qué si es una horterada, total, que se quedó con Pablo.

Floreal, que es el octavo mes del calendario republicano francés, es el nombre que en 1933 en Francia, donde tuvieron que emigrar durante la dictadura de Primo de Rivera, mi abuelo le puso a su hijo, que había quedado huérfano de madre en el mismo parto, y el nombre que llevó hasta los 19 años, cuando ya en España, la dictadura y el Juez Abundancia, decidieron que no era un nombre adecuado al Régimen (les parecía un símbolo “rojo”), y se lo cambiaron por el que más se parecía, pero que no era el suyo, Florián, que es como desde entonces se ha llamado mi padre.

Él es el primero en quien pensé cruzando la puerta de entrada de la casa del pueblo en 1984, en su complicada vida, en la pérdida de su madre sin siquiera conocerla, en su traslado a un país desconocido para él, en el que se hablaba un idioma que tantas veces había oído en su casa, pero que no era el que mejor conocía, en cómo todo lo que aconteció en su vida influyó firmemente en sus arraigados ideales socialistas, empezando por aquello que su padre intentó transmitirle a través de su nombre y que quisieron arrebatarle sin éxito: aunque rece Florián en su carné, será Floreal para siempre.

Volver por fin a su país de origen, al de sus padres, para sufrir persecuciones sin sentido, hambre, miseria, hizo que Floreal, con 19 años, quisiera volver a Francia, aunque no pudo conseguirlo, fue arrestado en la frontera y encerrado en una cárcel, como si querer sobrevivir fuera un delito y no una desgracia. No era la primera vez, ya había sido encarcelado unos años antes en la Casa de Baños de Puertollano por robar para comer; para entonces ya estaba solo con sus tres hermanos.

En 1947, la desesperación por no poder sacar adelante a los suyos, la enfermedad que le impedía y le convertía en una carga, hicieron que mi abuelo, aferrándose al corazón de sus hijos, al recuerdo de los que ya le arrebató la vida, y a la firme idea de que seguirían adelante sin el, encontrase el valor para encañonarse con una escopeta, y con un solo movimiento de uno de sus dedos, acabar de golpe con todo el sufrimiento de su vida: la muerte de dos de sus hijos, de su mujer, el hambre, el dolor, la pena, la gran pena de una vida en la que nunca tuvo siquiera la esperanza de que alguien pudiera cambiar su destino, como en aquel mitin de mi recuerdo.

Mi abuelo fue enterrado en el cementerio de Puertollano, pero no en la parte cristiana, había desafiado las leyes de Dios adelantando lo que tarde o temprano habría hecho la tuberculosis. Creemos que el destino y la hipocresía de la religión hicieron que acabase enterrado en la tumba común donde fueron a parar años después los restos de los compañeros fusilados al final de la guerra en nuestra ciudad, con el resto de los enterrados en el cementerio no cristiano. Por eso, cuando cada 13 de junio, aniversario del fusilamiento, acudo con mis compañeros de partido a depositar una corona de flores en esa tumba, no puedo evitar pensar en el abuelo Manuel, en Floreal y en porque fue siempre un socialista convencido, y en mi misma a mis cuarenta años y con veintiséis de militancia a mis espaldas, ¡es toda una vida! Pienso en Pablo y en el esfuerzo y sufrimiento de tanta gente para que él hoy pueda pensar, decidir y vivir en un mundo que no deja de ser complicado, pero que le ofrece todo lo que ellos no tuvieron.

En mi mente, la niña tímida de 14 años vuelve a entrar una y otra vez por aquella puerta, bajo unas siglas que formarían parte de mi vida con tal rotundidad que ya no concebiría vivir sin ellas. El sufrimiento de Manuel no es en balde, y de algún modo siento que Floreal recupera su nombre.

En 1904, justo 100 años antes del nacimiento de mi hijo, Manuel cumplía 5 años, los que hace unos días ha cumplido Pablo, y esto me hace recordar la última frase de mi libro favorito que dice: “porque las estirpes condenadas a vivir cien años de soledad, nunca tendrán un segunda oportunidad sobre la tierra” y que a mí hoy se me antoja de esta manera: porque las estirpes que han vivido cien años de socialismo, siempre tendrán una segunda oportunidad sobre la tierra y yo espero que Pablo sea capaz de aprovecharla.

Raquel Gómez Castellanos

Nota: Esta entrada también será publicada en el blog "Por Pasar el Rato", de Manolo Castaño.


lunes, 7 de septiembre de 2009

POEMAS DE NIÑOS PARA TODAS LAS EDADES

En mis largos años dedicados a la docencia, intentaba enseñar, a mi alumnado, a pensar y a deducir para poder escoger, al tiempo que aprendían a conocer, aprendían a hacer, aprendían a vivir y aprendían a ser. Esto es una pequeña muestra de aquello: Lengua, literatura, poesía, composición, vida sana, saber consumir…


¡Tira el cigarro chaval!

¿No has leído que fumando

Vas tu sangre envenenando

Con el tóxico fatal

Qué tu salud va minando?


Viendo a tu padre fumar,

Al maestro y al doctor,

No cometas el error

De quererlos imitar

Haciéndote fumador.


Para ser un “hombre entero”

No es necesario fumar,

Ni los antros frecuentar,

Donde se tira el dinero

Que tanto cuesta ganar.


(Composición realizada por dos de mis alumnas de 7º de EGB en el año 1991)



sábado, 11 de julio de 2009

La hipertensión del pirata...."El origen"

Aportación compartida con "Por pasar el rato"

Alguna que otra vez me he preguntado por qué, tras más de veinte años de abandonar profesionalmente el litoral, y arraigado como estoy en la sierra madrileña, sigo teniendo este tirón marinero, y por mis venas sigue fluyendo, mezclada con mi sangre, la sal de nuestras costas, que me provoca, dicho sea de paso, una pertinaz e irresoluble hipertensión arterial.

No le encontraba una explicación lógica hasta que, hace unos días, mientras se reproducía el vídeo de Balti "Nacimiento de Kala" escuché una expresión que llevaba sin oir casi veinticinco años, "Luego aluego", que me transportó como en un "flash back" a mi etapa cartagenera, entre los años 1982 y 1985.

Andaba yo entonces por los veintipocos y en Cartagena encontré a mi segunda familia, la de mi compañero y amigo Antonio Quiles, que me acogió como uno más (y no eran pocos) en su casa del Barrio "Virgen de la Caridad", más conocido como "Las Seiscientas". Con ellos comí en innumerables ocasiones, en su casa dormí más de una noche, desplazando al "chinorri" de la casa desde su cama al sofá, y allí se lavaba mi ropa todas las semanas, pues la señora Isabel se negaba en redondo a que me gastara "los cuartos" en una lavandería, teniendo ella "una buena lavadora" .

Pues bien, esta familia, humilde pero compuesta por personas de la más alta calidad humana, tenía por costumbre veranear donde los más pudientes, en las playas del Mar Menor, si bien de una forma un tanto peculiar.

Existían entonces, cerca de la zona conocida como Playa Paraíso y del camping "Villas Caravaning", unas salinas abandonas, que por lo que veo ahora desde las alturas del Google Maps, se han vuelto a poner en explotación. Por aquellos años su propietaria, una viuda acaudalada según contaban los mayores, daba permiso para que en sus tierras, colindantes a la playa, se instalara todo aquél que quisiera con su tienda de campaña.

El Sr. Pepe Quiles, jubilado de la Empresa Nacional "Bazán", montaba, apenas terminaba mayo, su tienda familiar (dos dormitorios pequeños y uno de matrimonio, porche cubierto y cocina independiente) en dicha playa, donde se constituía una auténtica ciudad de aluvión, con familias que se conocían de veranear año tras año en el mismo sitio. Como yo poseía entonces una tienda canadiense de 4 plazas, me "adosé" a mi familia cartagenera, utilizando mi tienda como "pisito para solteros".

No me extenderé contando muchas aventuras, como la de llegar a remo (Manolo, no teníamos vela ni motor) hasta Isla Mayor, para comer en el chiringuito que allí había unas riquísimas sardinas asadas, mientras el Sr. Pepe, de proel, nos gritaba "Chacho, no reméis tan fuerte, que nos vamos a salir de España". O como nuestra recogida de kilos y kilos de almejas para el arroz. O aquel día en que, tras ser expulsados a las ocho de la mañana de la tienda de solteros a golpe de insecticida (porque al parecer la habíamos "líado parda" despertando a todo el mundo cuando llegamos de madrugada, después nuestro habitual recorrido por las discotecas de la Manga) me quedé dormido en el agua sobre una colchoneta y desperté, horas más tarde, cerca de Isla Perdiguera, con la espalda en carne viva por las quemaduras.

El caso es que una de las principales carencias de esta acampada era la del agua dulce. Confieso que a esa edad no la usaba mucho para beber, pero quien conozca el Mar Menor, sabrá que la concentración de sal se acerca mucho a la del Mar Muerto.

Existía, como siempre ocurre en estos casos, un hombre avispado que, con unos depósitos, unas mangueras y unas alcachofas, te ofrecía la posibilidad de ducharte al precio de 50 pesestas. La pega es que por ese dinero te tomabas dos quintos de cerveza, así que, durante la primera quincena de julio el que suscribe efectuaba su higiene personal "a lo pirata" y permanecía sin que por su cuerpo corriera ni una gota de agua dulce, con el correspondiente acúmulo de salitre en pelo, nariz, orejas y otras oquedades corporales, sobre las cuales no me voy ahora a explayar.

De ahí me vienen, creo yo, estas aficiones bucaneras y, aunque los médicos se empeñen en lo contrario, mi maldita hipertensión.


martes, 7 de julio de 2009

Aprendiz de pirata.


Casi siempre ilusión, y algunas veces,
realidad navegadas por tus aguas.
Al forjar mi carácter fuiste fragua
y seres mitológicos tus peces.
.
Mi padre el capitán y yo el grumete,
arribando a tu isla, que hoy me observa
desde la oscuridad, y que conserva
la esencia del tesoro que aún promete.

Se escribió mi destino en tus barquillas,
que marcaron mi infancia marinera,
rompiendo tus espejos con sus quillas.
.
Nunca nadie mejor patrón tuviera
que aquél que me acercaba a tus orillas
canturreando unas rimas milongueras.


A mi padre, que me inició en los secretos de la navegación y de la poesía.

martes, 30 de junio de 2009

Los Celtas Cortos: Modelo de ataque pirata.

Todo pirata que se precie tiene un ejemplo o modelo que le sirve de Pigmalión. En mi caso, y como buen pirata que soy, andaba buscando a alguien a quien imitar caso de asaltar alguna costa del pantano (siento una especial predilección por Flor de Ribera, aprovechando, eso sí, que haya alguien merendando, para que el botín resulte algo más suculento).

En ello estaba cuando me vino a la memoria una chirigota gaditana a la que le tengo algo de manía, debido a que ganó la final del Falla en los Carnavales de 1981, cuando sin lugar a ninguna duda quien mereció la victoria aquel año, ya que marcó un hito en la modernización y puesta en escena de las chirigotas, fue "Los pollitos mi compare".

El caso es que la chirigota en cuestión, llamada "Los Celtas Cortos", tiene un pasodoble que explica casi al pie de la letra como tiene que llevarse a cabo una buena incursión pirata, particularmente si ésta se produce en las costas del Montoro.

Dice así:

La otra noche yo soñaba
que libraba una batalla
en un castillo-fortaleza,
y de un tajo le cortaba
con el filo de mi espada
al enemigo la cabeza.

Soñé que conquistaba en el ataque
un arca con muchísimo dinero;
también yo me llevé siete almanaques
y las colillas de los ceniceros.

Catorce candelabros y un lebrillo
lleno de piriñaca con atún,
dos latas que contenían carne membrillo
tres palancanas y diez cajas de betún.

Nos batimo en retirada llenos de gloria,
y repartimo entre todos nuestro botín,
brindamos muy satisfechos por la victoria,
y nos sentimos dichosos, contentos y muy felíz.

Cuando más a gusto estaba sentí de pronto
en mis partes delicadas un gran dolor;
y me grito mi parienta, con la cara descompuesta:
"Te voy a estrujar los güevos porque soñanado
tu me has pegao un gran palizón".

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