Mostrando entradas con la etiqueta piratas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta piratas. Mostrar todas las entradas

lunes, 3 de agosto de 2009

"Marinerito tierra adentro" o "Mestanza arde en fiestas"




En tu puerto atraqué y de repente
era uno más entre tanto paisano,
de beso en beso y de mano en mano,
reencontrado de nuevo con tu gente.

Hoy volveré a vivir, intensamente,
la fiesta que me acerca a mis hermanos,
haciendo arder, como viento solano,
el alma de mi pueblo efervescente.

¿Que queda aquí del viejo bucanero,
añorante de soles y de sales
y del blanco velamen del velero?

Tan sólo el flamear de los percales,
bailando al son de un viento marinero,
alivia su nostalgia de mistrales.
.
.
.
A Graci, a Emilio, a Manolo "Matapollos" y a Guada, que nos acompañaron en nuestras fiestas.

sábado, 11 de julio de 2009

La hipertensión del pirata...."El origen"

Aportación compartida con "Por pasar el rato"

Alguna que otra vez me he preguntado por qué, tras más de veinte años de abandonar profesionalmente el litoral, y arraigado como estoy en la sierra madrileña, sigo teniendo este tirón marinero, y por mis venas sigue fluyendo, mezclada con mi sangre, la sal de nuestras costas, que me provoca, dicho sea de paso, una pertinaz e irresoluble hipertensión arterial.

No le encontraba una explicación lógica hasta que, hace unos días, mientras se reproducía el vídeo de Balti "Nacimiento de Kala" escuché una expresión que llevaba sin oir casi veinticinco años, "Luego aluego", que me transportó como en un "flash back" a mi etapa cartagenera, entre los años 1982 y 1985.

Andaba yo entonces por los veintipocos y en Cartagena encontré a mi segunda familia, la de mi compañero y amigo Antonio Quiles, que me acogió como uno más (y no eran pocos) en su casa del Barrio "Virgen de la Caridad", más conocido como "Las Seiscientas". Con ellos comí en innumerables ocasiones, en su casa dormí más de una noche, desplazando al "chinorri" de la casa desde su cama al sofá, y allí se lavaba mi ropa todas las semanas, pues la señora Isabel se negaba en redondo a que me gastara "los cuartos" en una lavandería, teniendo ella "una buena lavadora" .

Pues bien, esta familia, humilde pero compuesta por personas de la más alta calidad humana, tenía por costumbre veranear donde los más pudientes, en las playas del Mar Menor, si bien de una forma un tanto peculiar.

Existían entonces, cerca de la zona conocida como Playa Paraíso y del camping "Villas Caravaning", unas salinas abandonas, que por lo que veo ahora desde las alturas del Google Maps, se han vuelto a poner en explotación. Por aquellos años su propietaria, una viuda acaudalada según contaban los mayores, daba permiso para que en sus tierras, colindantes a la playa, se instalara todo aquél que quisiera con su tienda de campaña.

El Sr. Pepe Quiles, jubilado de la Empresa Nacional "Bazán", montaba, apenas terminaba mayo, su tienda familiar (dos dormitorios pequeños y uno de matrimonio, porche cubierto y cocina independiente) en dicha playa, donde se constituía una auténtica ciudad de aluvión, con familias que se conocían de veranear año tras año en el mismo sitio. Como yo poseía entonces una tienda canadiense de 4 plazas, me "adosé" a mi familia cartagenera, utilizando mi tienda como "pisito para solteros".

No me extenderé contando muchas aventuras, como la de llegar a remo (Manolo, no teníamos vela ni motor) hasta Isla Mayor, para comer en el chiringuito que allí había unas riquísimas sardinas asadas, mientras el Sr. Pepe, de proel, nos gritaba "Chacho, no reméis tan fuerte, que nos vamos a salir de España". O como nuestra recogida de kilos y kilos de almejas para el arroz. O aquel día en que, tras ser expulsados a las ocho de la mañana de la tienda de solteros a golpe de insecticida (porque al parecer la habíamos "líado parda" despertando a todo el mundo cuando llegamos de madrugada, después nuestro habitual recorrido por las discotecas de la Manga) me quedé dormido en el agua sobre una colchoneta y desperté, horas más tarde, cerca de Isla Perdiguera, con la espalda en carne viva por las quemaduras.

El caso es que una de las principales carencias de esta acampada era la del agua dulce. Confieso que a esa edad no la usaba mucho para beber, pero quien conozca el Mar Menor, sabrá que la concentración de sal se acerca mucho a la del Mar Muerto.

Existía, como siempre ocurre en estos casos, un hombre avispado que, con unos depósitos, unas mangueras y unas alcachofas, te ofrecía la posibilidad de ducharte al precio de 50 pesestas. La pega es que por ese dinero te tomabas dos quintos de cerveza, así que, durante la primera quincena de julio el que suscribe efectuaba su higiene personal "a lo pirata" y permanecía sin que por su cuerpo corriera ni una gota de agua dulce, con el correspondiente acúmulo de salitre en pelo, nariz, orejas y otras oquedades corporales, sobre las cuales no me voy ahora a explayar.

De ahí me vienen, creo yo, estas aficiones bucaneras y, aunque los médicos se empeñen en lo contrario, mi maldita hipertensión.


martes, 30 de junio de 2009

Los Celtas Cortos: Modelo de ataque pirata.

Todo pirata que se precie tiene un ejemplo o modelo que le sirve de Pigmalión. En mi caso, y como buen pirata que soy, andaba buscando a alguien a quien imitar caso de asaltar alguna costa del pantano (siento una especial predilección por Flor de Ribera, aprovechando, eso sí, que haya alguien merendando, para que el botín resulte algo más suculento).

En ello estaba cuando me vino a la memoria una chirigota gaditana a la que le tengo algo de manía, debido a que ganó la final del Falla en los Carnavales de 1981, cuando sin lugar a ninguna duda quien mereció la victoria aquel año, ya que marcó un hito en la modernización y puesta en escena de las chirigotas, fue "Los pollitos mi compare".

El caso es que la chirigota en cuestión, llamada "Los Celtas Cortos", tiene un pasodoble que explica casi al pie de la letra como tiene que llevarse a cabo una buena incursión pirata, particularmente si ésta se produce en las costas del Montoro.

Dice así:

La otra noche yo soñaba
que libraba una batalla
en un castillo-fortaleza,
y de un tajo le cortaba
con el filo de mi espada
al enemigo la cabeza.

Soñé que conquistaba en el ataque
un arca con muchísimo dinero;
también yo me llevé siete almanaques
y las colillas de los ceniceros.

Catorce candelabros y un lebrillo
lleno de piriñaca con atún,
dos latas que contenían carne membrillo
tres palancanas y diez cajas de betún.

Nos batimo en retirada llenos de gloria,
y repartimo entre todos nuestro botín,
brindamos muy satisfechos por la victoria,
y nos sentimos dichosos, contentos y muy felíz.

Cuando más a gusto estaba sentí de pronto
en mis partes delicadas un gran dolor;
y me grito mi parienta, con la cara descompuesta:
"Te voy a estrujar los güevos porque soñanado
tu me has pegao un gran palizón".

sábado, 20 de junio de 2009

...QUE ES MI DIOS MI LIBERTAD...


TÍTULO DE PROPIEDAD

Hasta aquí me acerqué por vez primera,
mi barca me llevó hasta tus orillas.

Yo remaba buscando maravillas
y me encontré con una carretera.

"¡Que estás en un pantano! ¿No te enteras?"
me gritaban desde sus ventanillas
dos chicas que creí de las Antillas
y resultó que eran Solaneras.

Y así, con tal oprobio y tal desdoro,
renqueando con mi pata de palo,
me proclamé virrey del Montoro.

Desde entonces a hoy, con mi tesoro,
y un parche que me tapa el ojo malo,
comparto mis dominios con mi loro.

Seguidores

Etiquetas